Para completar la red se colocó una arqueta prefabricada de hormigón, que actúa como punto de registro. Desde ella se puede comprobar que el agua circula, limpiar la tubería si hace falta y canalizar lo recogido hacia su destino. Es un elemento pequeño, pero garantiza que el sistema se pueda revisar dentro de diez o veinte años sin abrir zanjas.
Todo esto exigió además un trabajo constante de movimiento, retirada y redistribución de materiales, así como una gestión ordenada de la grava empleada en la base y en el drenaje, para mantener la obra despejada y el ritmo de trabajo continuo.
El resultado es una parcela con la base preparada para levantar la losa y con el agua controlada desde el primer día, que es cuando resulta más fácil y barato hacerlo bien.